miércoles, 5 de diciembre de 2007

Mar adentro


Mar adentro, mar adentro,
y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños,
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.

Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno,
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo;
es como penetrar al centro del universo:

El abrazo más pueril,
y el más puro de los besos,
hasta vernos reducidos
en un único deseo:

Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras:
más adentro, más adentro,
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.

Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.

Alejandro Amenabar

La mirada inquietante


La obra de arte es, entre otras cosas, un medio de comunicación excepcional, capaz de transmitir valores y enseñanzas. Es resumen de la historia y plasmación de la capacidad imaginativa del hombre. El objeto de arte, en cuanto a manifestación plástica de una cultura, es medio de reflexión y discursión. Tiene una capacidad innata para crear un mundo en derredor suyo, muchas veces literario, que atrae al espectador a una relación de intercomunicación donde se comparten experiencias y deseos. Una obra de arte que no incite a la reflexión, no despierte el entendimiento o no remueva la conciencia no debe ser llamada tal.

Ese espacio del que hablamos es creado fundamentalmente por la mirada. No solo una mirada física (el acto fisiológico de ver) que también, sino especialmente por una mirada interior, intelectiva. No es tanto mirar sino sentirse mirado, sentirse incluido en una conversación silenciosa.